



Africa: el último continente inexplorada en el mundo. A mediados de 1800, un pequeño grupo de exploradores se dedicó a descubrir los secretos de Africa. En particular, estaban obsesionados con ubicar la fuente del río Nilo. Fue considerado el misterio geográfico más grande del mundo, y se dice que el hombre que lo encontró pasará a la historia como el explorador más grande del mundo. En 1857, los exploradores británicos Richard Burton y John Hanning Speke viajaron a Africa juntos para encontrar "La Fuente". Sus caminos se divergieron a la mitad de su travesía. Para el momento en que regresaron a Londres, cada uno dijo haberlo encontrada, pero en dos sitios muy diferentes. Su pleito resultante se hizo notorio. Finalmente aceptaron debatir públicamente sus hallazgos en septiembre de 1864. Sin embargo, Speke se disparó a sí mismo el día del debate.
Entra Livingston. Deseperado por identificar con precisión a La Fuente, el presidente de la Real Sociedad Geográfica, Sir Roderick Murchison acudió a un buen amigo. El Dr. David Livingstone era el explorador más grande del mundo, un hombre que había hecho mapas del Desieto Kalahari, siguió el Río Zambezi desde su fuente hasta el océano, y caminó solo por toda Africa. Los exploradores eran las estrellas de Rock de la Inglaterra Victoriana, y ningún hombre fue más venerado y amado que Livingstone. Oponente firme del comercio de esclavos africanos, el antiguo misionero fue tan famoso que fue abrumado por las multitudes en las calles de Londres, e incluso en la iglesia. Tenía 51 años cuando Murchison le pidió que encontrara La Fuente y consideró sus días de exploración una cosa del pasado. Por el bienestar de su amistad, Livingston estuvo de acuerdo de realizar una última travesía.
Livingstone se marchó a Africa el 4 de abril de 1866. El viajaba hacia el este del Océano Indico, siguiendo el camino del Río Rovuma, que ahora forma la frontera entre Mozambique y Tanzania. Las cosas salieron mal casi de inmediato. Sus cargadores desertaron, sus suministros médicos y provisiones de comida se perdieron y él fue reducido a depender de los comerciantes árabes de esclavos por sustento mientras que continuaba su búsqueda. Una travesía que se suponía duraría uno o dos años, se alargó a tres, luego cuatro, luego cinco... todo esto sin que él enviara una sola palabra al mundo exterior. En Londres la preocupación por el destino de Livingstone llegó estar al rojo vivo. Había rumores que había sido comido por caníbales o quemado en estacas, pero incluso cuando esos rumores se ventilaban en las páginas del Times de Londres, nadie fue a Africa a buscarlo.
Entra Stanley. Henry Morton Stanley fue el enigma definitivo. Nacido en Gales, hijo de una prostituta de la ciudad y de un borracho de la ciudad, viajó de polizón a América cuando era adolescente. Allá, cambió su nombre de John Rowlands a Henry Stanley, anadió "Morton" como su segundo nombre luego, y pronto fingió ser norteamericano. Luchó tanto por el Norte como por el Sur en la Guerra Civil antes de convertirse en periodista. Stanley fue a trabajar para el New York Herald, cuyo dueño James Gordon Bennet, hijo, era un niño terrible anti-británico que quería vencer al Time of London en encontrar primero a Livingstone. Para esto, acudió a Stanley. En enero de 1871, el aterrado reportero de 30 años llegó a Zanzibar para lanzar una misión secreta en busca de Livingston. Lo que siguió fue la mayor búsqueda de una aguja en un pajar de la historia.
En este momento Livingstone estaba en Africa Central. No sólo dependía de los esclavistas árabes para el alimento y el refugio, sino que sufrió tandas repetidas de enfermedad. Aunque quisiera regresar a la civilización, estaba demasiado débil y carecía de medios. Pero luego de ser testigo de la matanza de los árabes a varios cientos de aldeanos africanos, Livingstone finalmente tuvo suficiente. Huyó hacia la jungla, y se dirigió al oeste hacia el pueblo de Ujiji.
Stanley mientras tanto viajaba al este hacia Livingstone. Día a día, kilómetro por kilómetro, sus caminos se acercaban. Stanley resistió a la malaria, la viruela, guerras tribales, cargadores indóciles y ataques de cocodrilos. En un momento perdió 18 kilogramos por la disentería en una semana. Finalmente, en octubre, entró caminando a Ujiji.
Los dos hombres se hicieron amigos rápido. En Livingstone, Stanley encontró el padre que nunca tuvo. Curó a Livingstone para recuperarle la salud y los hombres pasaron varios meses explorando juntos. Pero finalmente llegó la hora de regresar a Inglaterra. Livingstone que todavía no había encontrado La Fuente, se negó a regresar. Stanley lloró cuando partieron y prometió enviarle a Livingstone un grupo fresco de cargadores y suministros para continuar su misión. Stanley regresó a la fama y fortuna en Inglatera, y su descubrimiento de Livingstone luego se dijo que fue la historia más grande en los periódicos del siglo XIX. Pero Livingstone murió arrodillado rezando el 1 de Mayo de 1873. Los cargadores le extrajeron el corazón y lo enterraron en Africa. Luego cargaron el cuerpo de Livingstone por casi 4.000 kilómetros de nuevo a la costa, en donde fue transportado de nuevo a Inglaterra, Su funeral en la Abadía de Westminster fue el más grande en la historia moderna, con miles de personas que se aglomeraron en el camino mientras que su ataúd era halado a través de las calles de Londres. Sólo el funeral de la Princesa Diana fue más largo en cantidad de gente, 100 años después.
Henry Morton Stanley cargó el ataúd ese día de abril de 1874. Cuando salía por las grandes puertas de la abadía de Westminster al sol de la primavera, él se comprometió solemnemente a continuar el trabajo que Livingstone dejó sin hacer y lo hizo. Desde ese día en adelante, Stanley no fue más un periodista, sino un explorador. En su viaje subsecuente a Africa, él identificó con precisión el Lago Victoria como La Fuente del Río Nilo, probando así que el desafortunado Speke tenía razón.
Por Martin Dugard, Autor de Into Africa: The Epic Adentures of Stanley & Livingstone (En Africa: Las aventuras Epicas de Stanley y Livingstone.